Con más de dos décadas dedicadas al vino, Meritxell Falgueras ha revolucionado la forma de comunicarlo: mezclando cultura, feminismo, lifestyle y narrativa personal. Sumiller, escritora y divulgadora, representa una nueva manera de acercar el vino a públicos más amplios y menos encorsetados.
Hay personas que no solo hablan de vino, sino que lo habitan. Que lo piensan, lo escriben y lo mezclan con la vida hasta que deja de ser una bebida para convertirse en lenguaje. En ese territorio, donde una copa puede ser memoria, identidad o declaración, se mueve Meritxell Falgueras.
Heredera de una tradición, pero, sobre todo, creadora de un relato propio, ha hecho del vino algo más que un oficio: una forma de estar en el mundo. Entre palabras, copas y miradas críticas, su discurso desborda lo técnico para adentrarse en lo emocional, lo social y lo cotidiano.
«Porque quizá el vino no necesite más expertos… sino más voces capaces de contarlo de otra manera.«

Entrevista:
Vienes de una familia con tradición vinícola. ¿Qué peso ha tenido crecer en el entorno de una bodega en tu forma de entender el vino?
Que siempre he oído un lenguaje muy sensorial a mi alrededor.
Te defines como “un cupaje de letras y vino”. ¿Cuándo decides que la comunicación en el vino sería tan importante como la sumillería?
Es que estudié humanidades y cursé el DEA en comunicación mientras trabajaba en la tienda y estudiaba sumillería así que siempre he ido avanzando en paralelo.
¿Recuerdas el momento en el que el vino pasó de ser herencia familiar a pasión personal?
Siempre, porque el vino para mi es un cupaje de familia y vida.
Has defendido una forma distinta de contar el vino, más cercana y transversal. ¿Qué estaba fallando en la comunicación tradicional?
Que no hay un feedback directo.
Hablas de vino mezclándolo con moda, cultura o actualidad. ¿El vino necesita salir de su “burbuja”?
¡Es que no todos los días hacemos maridajes con foie y sí lo hacemos va a depender con qué amigo lo voy a compartir!
¿Se puede hablar bien de vino sin tecnicismos?
Yo apuesto a que sí. La gente lo que está sedienta es de cariño.
Has sido pionera en redes sociales dentro del sector. ¿Cómo ha cambiado el papel del prescriptor del vino en los últimos años?
Que no hace falta que un jefe te dicte que hacer, si no que puedes dar rienda suelta a la creatividad.
Eres fundadora de iniciativas vinculadas a mujeres del vino. ¿Sigue siendo un sector desigual?
Sólo un 20% de los enólogos son enólogas y sólo un 15% de las CEOS mujeres en el sector del vino. Estamos en la comunicación y enoturismo, pero queremos estar también en los lugares de decisión.
Has hablado abiertamente de episodios de machismo en la profesión. ¿Qué ha cambiado desde entonces y qué sigue igual?
Ha cambiado la mirada y que muchos señores ya se están jubilando.
¿El futuro del vino será más femenino… o simplemente más diverso?
Muchos más sensitivo, emocional y con diversidad de puntos de vista.
Dices que “el vino es un miembro más de tu familia”. ¿Qué significa eso realmente?
Que siempre he catado, trabajado, disfrutado conocido y viajado por el mundo del vino con mis padres y mi hermano.
¿Qué es para ti un buen vino: técnica, emoción o contexto?
Emoción.
Defiendes que el vino debe vivirse sin complejos. ¿El sector sigue siendo demasiado elitista?
Sí, sobre todo con los que intentamos que siempre siga de moda.
Has escrito varios libros y recientemente una novela. ¿Qué te permite la literatura que no te da la cata?
Mi penúltimo es una novela, pero mi último es un ensayo sobre las “Mujeres del Vino”. Sí, el lenguaje literario del vino tiene mucho en común y es mi manera de entender el mundo del vino como arte.
En tu obra mezclas vino y vida. ¿Se puede “catar” a una persona como un vino?
Sí, sí, ya solo por el olor sabes si una persona será incompatible contigo.
¿Piensas que el storytelling es el futuro de la comunicación vinícola?
Solo sí quién te lo cuenta tiene gracia.
¿Qué tendencias actuales del vino te entusiasman más?
Las redes sociales y los eventos exclusivos.
¿Te preocupa alguna deriva del sector (modas, banalización, influencers…)?
No porque siempre miro la parte que suma.
¿Cómo imaginas la comunicación del vino dentro de 10 años?
Más experiencial que nunca porque para lo demás ya tenemos la IA.
Un vino que defina tu vida ahora mismo.
En su punto de madurez como un vino afinado.
Un tópico del vino que te gustaría eliminar para siempre.
El vino blanco solo para pescado.
¿Qué te sigue emocionando después de más de 20 años en el sector?
La pasión de la gente auténtica.
¿Qué es lo que nunca aceptarías en el mundo del vino?
Un vino en mal estado.
Si tuvieras que definirte como un vino, ¿cuál sería tu “nota de cata” hoy?
¡Cava Rosado por la alegría de vivir!
¿Qué haces en tu tiempo libre?
Es para mis hijos con los que me lo paso genial y comparto lecturas y amigos.
Conclusión:
Hay voces que no se aprenden, se maceran. La suya nace de un paisaje íntimo donde el vino no se explica: se respira, se comparte, se hereda y, con el tiempo, se reescribe.
En su relato no hay rigidez ni liturgia, sino un pulso vivo que mezcla palabras, afectos y memoria. El vino aparece como lo que siempre fue, aunque a veces se olvide: un hilo invisible que une momentos, personas y emociones. Un lenguaje que no necesita solemnidad para ser profundo.
Entre copas y páginas, entre redes y vivencias, «Meritxell» ha ido trazando una forma de contar que desborda etiquetas. Porque hablar de vino, en su universo, es hablar de vida: de hijos, de amigos, de encuentros improbables y de instantes que, como las buenas añadas, no vuelven, pero permanecen. Quizá por eso su mirada resulta necesaria. Porque en un mundo que a menudo mide y clasifica, ella reivindica la emoción. Y en ese gesto, tan simple y tan radical, se abre una promesa: la de un vino más libre, más diverso, más humano. Un vino que, como ella misma, no se define por lo que es, sino por todo lo que es capaz de hacer sentir.


