El mágico encantamiento del vino

La magia del vino

Vinumvitis C.
4 min de lectura

Dicen que la magia no existe. Que los conejos no salen de los sombreros y que los trucos tienen explicación científica. Lo que esas personas no han hecho es sentarse un viernes por la noche, después de una semana eterna, frente a una copa de vino y decir: “Bueno… a ver qué pasa”.

Y pasa.

El vino tiene algo que no aparece en las etiquetas (aunque debería). Entre el porcentaje de alcohol y la región de origen debería leerse: “Capacidad comprobada de transformar lunes en viernes y desconocidos en amigos del alma”.

Primera fase: El análisis experto

Al principio todos somos sommeliers frustrados. Miramos la copa contra la luz como si estuviéramos inspeccionando un diamante robado. Decimos cosas como:

“Tiene notas afrutadas.”
“Sí, claro, definitivamente frutos rojos.”

Aunque lo único que realmente sabemos es que huele bien y queremos beberlo.

Aquí es donde empieza la magia silenciosa. El vino nos obliga a bajar la velocidad. No se toma de un golpe (bueno… no debería). Se observa, se huele, se prueba. Es una pausa líquida. Una especie de meditación, pero con mejores resultados sociales.

Segunda fase: La transformación social

Una copa después, la conversación fluye. Dos copas después, alguien está contando una anécdota que juró llevarse a la tumba. Tres copas después, se están resolviendo los grandes problemas del mundo.

Es curioso: el vino no cambia la realidad, pero sí cambia la perspectiva. Y a veces eso es suficiente. La mesa se convierte en confesionario, en terapia grupal, en comité revolucionario o en club de comedia improvisado.

Como decía Benjamin Franklin: “El vino es prueba constante de que Dios nos ama y ama vernos felices”. Y si no lo dijo exactamente así en tu idioma, lo sentimos, pero suena demasiado bien como para no creerlo.

Tercera fase: Filosofía profunda (nivel servilleta)

Hay algo casi alquímico en el vino. Uvas que fueron aplastadas y que terminan convertidas en celebración. ¿No es eso una metáfora elegante de la vida?

El vino enseña paciencia. No se hace en un día. Fermenta, madura, espera. Nos recuerda que los mejores resultados suelen necesitar tiempo… y que a veces hay que dejar que las cosas respiren antes de disfrutarlas.

Además, une generaciones. En una mesa pueden coincidir el abuelo, la madre, el primo escéptico y la amiga vegana que “solo vino para la ensalada”, y todos terminan brindando por algo. No importa qué. Lo importante es el brindis.

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Agricultor - Técnico Elaborador en aceites de oliva y vinos. Director de #vinummedia - #winelover - Miembro de la Asociación Española de Periodistas y Escritores del Vino (AEPEV) - Afiliado a Unión Española de Catadores (UEC)
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